La Dra. Hernández Limón es una destacada académica con amplia trayectoria en el ámbito de la educación superior, la evaluación, la acreditación y el aseguramiento de la calidad educativa. A lo largo de su desarrollo profesional ha participado en importantes espacios institucionales y redes académicas orientadas al fortalecimiento de la calidad, la cooperación internacional y la mejora de los procesos educativos. Actualmente se desempeña como Directora Ejecutiva de RIACES. Para la revista Acreditas es una distinción contar con la participación de la Dra. Hernández Limón y agradecemos profundamente su disposición para compartir con nuestros lectores su visión sobre el presente y futuro de la acreditación en Iberoamérica
Dra. Olga, RIACES representa un espacio de articulación entre diversos actores vinculados con el aseguramiento de la calidad en la educación superior iberoamericana. Desde su función como Directora Ejecutiva, ¿cuáles considera que son las principales líneas de trabajo que actualmente fortalecen la presencia y proyección de la Red?
RIACES está integrada actualmente por 46 agencias vinculadas con la evaluación, la acreditación y el aseguramiento de la calidad, provenientes de distintos países de Iberoamérica. Esta amplitud y diversidad constituyen una de nuestras principales fortalezas, porque nos permiten reunir experiencias de sistemas educativos, marcos normativos y modelos de evaluación diferentes, pero comprometidos con un propósito común: contribuir al mejoramiento continuo de la calidad de la educación superior.
Una de nuestras líneas prioritarias es fortalecer la cooperación entre las agencias integrantes. RIACES genera espacios para compartir metodologías, criterios, experiencias y buenas prácticas, así como para analizar colectivamente los desafíos que enfrentan los sistemas de aseguramiento de la calidad. Nuestro propósito no es uniformar los modelos nacionales, sino reconocer la diversidad de la región, identificar principios comunes y construir mecanismos de colaboración que puedan adaptarse responsablemente a cada contexto.
Otra línea fundamental es la formación y actualización permanente de quienes dirigen y desarrollan los procesos de evaluación, acreditación y gestión de la calidad. En 2026, RIACES ha impulsado el Diplomado en Dirección y Gestión de Procesos de Evaluación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior, (DIGECAL); el Diplomado Internacional en Formación y Actualización de Pares Académicos Evaluadores para el Aseguramiento de la Calidad; y el Diplomado “Gestión Integral de la Calidad para la Acreditación de la Educación Superior con Apoyo de Tecnologías Emergentes”.
Además, el próximo 22 de septiembre de 2026 iniciará el Diplomado Internacional “Sistema Interno de Aseguramiento de la Calidad orientado al impacto institucional”. Con esta propuesta buscamos acompañar a las instituciones de educación superior en la consolidación de sistemas internos que no se limiten al cumplimiento de requisitos, sino que generen información útil para la toma de decisiones, la mejora de los procesos académicos y la demostración de sus resultados e impacto.
A esta oferta se suma la realización permanente de webinars, seminarios y encuentros académicos en los que participan especialistas, autoridades y representantes de agencias e instituciones de educación superior. En estos espacios abordamos temas prioritarios como la inteligencia artificial aplicada a la evaluación y la acreditación, la transformación digital, la calidad de la educación virtual e híbrida, la sostenibilidad, la inclusión, la profesionalización de los pares y las nuevas formas de valorar los resultados y el impacto de la educación superior.
También continuamos fortaleciendo proyectos regionales como el Sello Kalos Virtual Iberoamérica, el acompañamiento a agencias y organismos de acreditación, el banco iberoamericano de pares evaluadores, la cooperación con redes internacionales y la generación de proyectos conjuntos. Todo ello busca consolidar a RIACES no solamente como un espacio de representación institucional, sino como una comunidad activa de aprendizaje, colaboración y construcción de confianza.
En los últimos años, la cooperación internacional ha sido fundamental para compartir experiencias y buenas prácticas en evaluación y acreditación. ¿De qué manera RIACES facilita el intercambio y el trabajo conjunto entre sus integrantes?
La cooperación internacional forma parte de la esencia de RIACES. La Red fue creada para acercar a los sistemas de aseguramiento de la calidad de Iberoamérica y facilitar el aprendizaje entre países, agencias, organismos acreditadores e instituciones de educación superior. Esa cooperación se construye a partir del reconocimiento de que nuestras realidades son diferentes, pero los desafíos que enfrentamos tienen muchos puntos de encuentro.
El intercambio se concreta mediante webinars, seminarios, reuniones técnicas, diplomados, talleres, foros, visitas académicas y proyectos conjuntos. En estos espacios, las agencias presentan experiencias, analizan metodologías, comparten criterios e instrumentos y reflexionan sobre los resultados obtenidos en sus propios contextos. No buscamos trasladar mecánicamente un modelo de un país a otro; buscamos identificar aprendizajes y buenas prácticas que puedan ser adaptados de acuerdo con la normativa, la historia y las necesidades de cada sistema.
Nuestros diplomados constituyen, además, verdaderas comunidades regionales de aprendizaje. En ellos participan autoridades, personal técnico de agencias, responsables institucionales de calidad y pares académicos de diferentes países. La interacción entre los participantes permite contrastar marcos de referencia, analizar casos, construir propuestas y establecer vínculos profesionales que permanecen después de concluir la formación.
Los webinars también cumplen una función muy importante porque mantienen un diálogo regional continuo sobre los temas que están transformando la educación superior. No los concebimos únicamente como conferencias, sino como oportunidades para conocer experiencias de las agencias integrantes, confrontar perspectivas y generar posibilidades de colaboración entre especialistas e instituciones.
RIACES promueve asimismo la participación de especialistas y pares de distintos países en actividades de acompañamiento, evaluación y asistencia técnica. La integración de equipos internacionales amplía las perspectivas, fortalece la imparcialidad y permite comprender mejor las particularidades de cada institución o sistema. A ello se suman las alianzas con organismos, redes universitarias y asociaciones regionales e internacionales.
Un principio fundamental es compartir no solo los logros, sino también las dificultades y los aprendizajes derivados de ellas. Cuando una agencia explica qué retos enfrentó, qué decisiones tomó y qué resultados obtuvo, genera un conocimiento de enorme valor para toda la región. De esta forma, RIACES convierte la diversidad iberoamericana en una oportunidad para aprender, fortalecer capacidades y avanzar hacia una mayor confianza y reconocimiento mutuo.
¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan actualmente los sistemas de aseguramiento de la calidad en la educación superior de Iberoamérica?
Uno de los principales desafíos es responder a la gran diversidad de los sistemas de educación superior de la región. En Iberoamérica conviven instituciones públicas y privadas, universidades de diferentes tamaños y misiones, programas presenciales, virtuales e híbridos, nuevas credenciales y ofertas formativas transnacionales, así como marcos regulatorios con distintos niveles de desarrollo. Los sistemas de aseguramiento de la calidad deben reconocer esa diversidad sin renunciar a criterios rigurosos, transparentes y socialmente relevantes.
Otro reto consiste en evitar que la evaluación y la acreditación se conviertan en procesos excesivamente burocráticos. La calidad no puede reducirse a la acumulación de documentos o al cumplimiento formal de indicadores. Debe reflejarse en el aprendizaje de los estudiantes, la pertinencia de los programas, la capacidad institucional para generar conocimiento, la inclusión, la empleabilidad, la responsabilidad social y la contribución de las instituciones al desarrollo de sus comunidades.
También necesitamos avanzar hacia una evaluación más centrada en resultados e impacto. Durante muchos años, los procesos se concentraron principalmente en verificar insumos, estructuras y procedimientos. Estos elementos siguen siendo importantes, pero hoy debemos preguntarnos con mayor claridad qué transformaciones producen las instituciones, cómo utilizan la información para mejorar y de qué manera demuestran el valor social de sus funciones académicas.
La transformación digital plantea desafíos adicionales. La expansión de la educación virtual e híbrida, el uso de la inteligencia artificial, el análisis de grandes volúmenes de datos y las nuevas formas de certificación exigen actualizar criterios, metodologías y capacidades técnicas. Al mismo tiempo, debemos garantizar la protección de datos, la integridad académica, la accesibilidad y el uso ético de las tecnologías.
Otro aspecto esencial es fortalecer la formación, independencia y profesionalización de los pares evaluadores. Su trabajo es determinante para la credibilidad de los procesos; por ello, se requieren criterios claros de selección, actualización permanente, actuación ética y capacidad para comprender contextos institucionales diversos.
Finalmente, enfrentamos el desafío de construir mayor confianza entre los sistemas y avanzar hacia el reconocimiento mutuo. Esto no significa uniformar los modelos, sino establecer referentes compartidos, fortalecer la transparencia y generar evidencias que permitan reconocer que, aun con procedimientos diferentes, es posible alcanzar niveles de calidad comparables y favorecer la movilidad académica y la integración regional.
La educación superior está cambiando por la innovación tecnológica, las nuevas modalidades de enseñanza y las demandas sociales. Desde su perspectiva, ¿cómo deben adaptarse los procesos de evaluación y acreditación a estos cambios?
Los procesos de evaluación y acreditación deben evolucionar al mismo ritmo que la educación superior. No es pertinente evaluar programas virtuales, híbridos, flexibles o basados en competencias con criterios concebidos exclusivamente para modelos presenciales tradicionales. Adaptarse no significa disminuir el rigor, sino formular preguntas más pertinentes y utilizar evidencias adecuadas para valorar realidades educativas distintas.
La revisión debe comenzar por la propia noción de calidad. En las nuevas modalidades no basta con verificar infraestructura física o la existencia formal de recursos. Es necesario analizar la calidad del diseño pedagógico, la accesibilidad de las plataformas, la interacción entre docentes y estudiantes, la formación digital del profesorado, el acompañamiento académico, la protección de datos, la autenticidad de las evaluaciones y la capacidad institucional para atender oportunamente a sus estudiantes.
También debemos transitar hacia procesos más centrados en los resultados de aprendizaje, las trayectorias estudiantiles y el impacto institucional. Los sistemas de aseguramiento necesitan observar no solamente lo que una institución declara, sino cómo demuestra el aprendizaje de sus estudiantes, qué información utiliza, cómo identifica sus áreas de mejora y qué decisiones adopta a partir de sus resultados.
La evaluación debe ser más continua, ágil y proporcional. No todas las instituciones ni todos los programas presentan el mismo nivel de madurez, complejidad o riesgo. La tecnología puede facilitar el seguimiento de indicadores, el análisis de evidencias, las visitas híbridas y la actualización periódica de información, evitando que la acreditación sea únicamente una fotografía tomada cada cierto número de años.
Al mismo tiempo, es indispensable incorporar nuevas dimensiones de análisis: inclusión, sostenibilidad, bienestar, internacionalización, transformación digital, integridad académica, vinculación con el entorno y capacidad para responder a cambios sociales y laborales. Estos elementos no deben agregarse como requisitos aislados, sino integrarse de manera coherente en la comprensión de la calidad.
La acreditación debe acompañar la transformación de la educación superior y actuar como un estímulo para la mejora. Para lograrlo, necesitamos marcos de evaluación flexibles, pares mejor preparados y procesos capaces de reconocer la innovación responsable sin perder de vista la misión institucional, el aprendizaje de los estudiantes y el compromiso con la sociedad.
¿Cómo considera que la inteligencia artificial puede incorporarse de manera responsable en los procesos de evaluación y aseguramiento de la calidad en la educación superior?
La inteligencia artificial ofrece oportunidades importantes para fortalecer el aseguramiento de la calidad. Puede apoyar el análisis de grandes volúmenes de información, la organización y clasificación de evidencias, la identificación de tendencias, el seguimiento de indicadores y la detección de inconsistencias o patrones que requieren una revisión más profunda.
También puede contribuir a reducir cargas operativas. Por ejemplo, podría apoyar la sistematización de informes de autoevaluación, el análisis de resultados de aprendizaje, la comparación de series históricas o la identificación de factores relacionados con la permanencia y el abandono estudiantil. Esto permitiría que los equipos técnicos y los pares evaluadores dediquen más tiempo al análisis cualitativo, a la comprensión del contexto y al diálogo con las comunidades académicas.
Sin embargo, su incorporación debe realizarse bajo principios claros de ética, transparencia, seguridad y responsabilidad. Las agencias y las instituciones deben conocer qué herramientas utilizan, qué datos procesan, con qué criterios operan y cuáles son sus limitaciones. Es indispensable proteger la privacidad, prevenir sesgos, garantizar la trazabilidad de los análisis y asegurar que los resultados puedan ser explicados y revisados.
La inteligencia artificial no debe sustituir el juicio de los especialistas ni tomar decisiones autónomas sobre la acreditación de una institución o programa. La evaluación de la calidad implica comprender contextos, escuchar a estudiantes, docentes y autoridades, valorar y proyectos institucionales reconocer particularidades que un sistema automatizado difícilmente puede interpretar de manera integral. La responsabilidad final debe permanecer siempre en las personas y en los órganos colegiados competentes.
También será necesario evaluar la forma en que las propias instituciones de educación superior incorporan estas tecnologías: qué políticas han establecido, cómo protegen la información, cómo forman a sus docentes y estudiantes, cómo promueven la integridad académica y de qué manera garantizan un acceso inclusivo y responsable.
El gran reto consiste en aprovechar la capacidad de la inteligencia artificial sin perder de vista que la calidad educativa es una responsabilidad humana y social. La tecnología puede ampliar nuestras capacidades, pero la confianza, la deliberación académica, la ética y el compromiso con el bien común continúan siendo insustituibles.
Finalmente, desde su trayectoria profesional, ¿qué retos y oportunidades identifica para fortalecer el liderazgo de las mujeres en los espacios de toma de decisiones vinculados con la evaluación, la acreditación y la educación superior en Iberoamérica?
Las mujeres han tenido una participación fundamental en el desarrollo de la educación superior y de los sistemas de aseguramiento de la calidad en Iberoamérica. Sin embargo, todavía existen brechas en el acceso a determinadas posiciones de liderazgo, especialmente en los espacios donde se definen políticas, se asignan recursos y se toman decisiones estratégicas. Uno de los principales retos es superar las barreras institucionales y culturales que con frecuencia obligan a las mujeres a demostrar permanentemente su capacidad o a conciliar responsabilidades profesionales, familiares y de cuidado en condiciones poco equitativas. También debemos evitar que su participación se concentre en funciones operativas sin garantizar una presencia efectiva en los órganos de gobierno y decisión. Al mismo tiempo, contamos con oportunidades muy importantes. En la región existe un número creciente de mujeres altamente preparadas, con experiencia en evaluación, gestión universitaria, investigación, cooperación internacional y formulación de políticas públicas. Es indispensable visibilizar sus aportaciones, promover redes de colaboración, impulsar programas de mentoría y crear condiciones para que las nuevas generaciones encuentren referentes y posibilidades reales de desarrollo.
La diversidad de perspectivas mejora la calidad de las decisiones y fortalece la legitimidad de las instituciones. Por ello, el liderazgo de las mujeres no debe entenderse solamente como un asunto de representación numérica, sino como una condición para construir sistemas más incluyentes, sensibles a las desigualdades y capaces de responder a las necesidades de sociedades diversas.Desde mi experiencia, considero fundamental que quienes hemos tenido la oportunidad de ocupar responsabilidades directivas acompañemos a otras mujeres, compartamos aprendizajes y abramos espacios de participación. El liderazgo adquiere mayor sentido cuando no se ejerce de manera individual, sino cuando contribuye a formar nuevos liderazgos y a transformar las instituciones.
El futuro del aseguramiento de la calidad en Iberoamérica requiere liderazgos éticos, colaborativos y comprometidos con el bien común. En ese futuro, la participación plena de las mujeres no es solamente deseable: es indispensable para fortalecer la educación superior y ampliar su capacidad de transformación social.
Dr. Enrique A. Morales González