Consejo Editorial, ACREDITAS
Analizar y mejorar los procesos educativos no es tarea fácil, advierte el enfrentamiento de dificultades de fondo que han sido parte de la ausencia de condiciones favorables para el desarrollo sostenible del sistema educativo en general. Desde ahí, debe entenderse que la “calidad” no puede alojarse en el discurso o en el aderezamiento de proyectos educativos que se diseñan desde la forma, pero poco desde el sentido y significado de estos.
No es la intención aquí generar críticas a priori ni críticas que se diluyan en la trivialidad. Lo que se pretende en esta entrega es poner en perspectiva las acciones que, de manera individual, comprometida y responsable, las IES implementan con la intención de desarrollar y consolidar sus proyectos educativos con metas claras e ideales firmes, siempre bajo la autoconciencia de mejorar y enriquecer los procesos de enseñanza y aprendizaje que les dan sentido, orientación y trascendencia.
En la Educación Superior hay mayores posibilidades; desde su autonomía, cada institución configura su proyecto educativo, que, además de cumplir con los marcos normativos formales, puede trascender desde su originalidad y lograr mayores alcances si lo que se pretende es crear y desarrollar un verdadero proyecto de formación de profesionales.
La intención es abrir la reflexión y los diálogos que permitan disoñar (diseñar los sueños a través del diálogo) por una educación de calidad, caminando sobre la lógica P-P-P (posible, probable, practicable), es decir, encontrar los caminos para el cambio sustentable y el mejoramiento constante a través de rutas de enriquecimiento claras y determinantes.
Mejorar es posible; cambiar es necesario, pero trascender siempre implicará un trabajo persistente en la búsqueda de todo aquello que permita que cada proyecto educativo se autorregule, con la firme convicción de evidenciar, a través de sus egresados, la eficiencia formativa y productiva que se manifiesta en las competencias profesionales que los definen.
La educación es un proceso vivo que exige análisis constante y acciones de mejora continua. En este número presentamos tres miradas complementarias: la autoevaluación universitaria como motor de calidad, el diagnóstico de errores para fortalecer el aprendizaje, y la autopercepción de habilidades blandas en egresados como puente hacia el mundo laboral. Juntos, estos estudios nos recuerdan que evaluar y mejorar no es ni debe ser un proceso aislado, sino la esencia misma de formar profesionales capaces de transformar su entorno.
Esta es la apuesta, esperamos que el contenido sea el pretexto para repensar y resignificar nuestras prácticas educativas.