Editor Titular, ACREDITAS
Celebrando el Día Mundial de la Calidad, promulgado por la ONU el segundo jueves del mes de noviembre y ante un horizonte donde la Educación Superior se redefine entre desafíos globales y realidades locales, los Sistemas de Aseguramiento de la Calidad ya no son solo requisitos burocráticos. Por el contrario, se han consolidado como herramientas dinámicas de transformación social, esenciales para fomentar por medio de la mejora continua una cultura de autoevaluación y transparencia dentro de las Instituciones de Educación Superior (IES). Estos permiten alinear y agilizar los procesos de evaluación y acreditación tanto de los diferentes programas como de la propia institución que los imparte.
En este contexto, México ofrece un caso paradigmático: el Sistema de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (SEAES), organismo público que orienta a las instancias evaluadoras hacia una concepción de la mejora continua en un mandato ético antes que administrativo. En el ámbito internacional, el Sistema Iberoamericano de Aseguramiento de la Calidad en la Educación Superior (SIACES) y la Asociación Europea para el Aseguramiento de la Calidad en la Educación Superior (ENQA), implementan un interesante proyecto, “ESG-PBP Alignment”, que consiste en armonizar los marcos de aseguramiento de calidad de ambas organizaciones y sus avances son coordinados por la agencia de España, ANECA.
Por su parte, la Red Iberoamericana para la Acreditación de la Calidad de la Educación Superior (RIACES), entre sus acciones recientes destaca el Sello “Fátima RIACES–CINDA”, un reconocimiento que certifica los Sistemas Internos de Aseguramiento de la Calidad (SIAC) en las IES, cuya finalidad es identificar las diferencias entre lo que las instituciones tienen implementado y los estándares esperados, hallando el camino hacia modelos plenamente acreditables.
Con estas iniciativas, se puede mencionar que la calidad en las IES avanza de forma constante, impulsada por el trabajo articulado entre las instancias nacionales y los organismos internacionales. Este esfuerzo conjunto permite consolidar un sistema educativo cada vez más sólido, transparente y comprometido con la formación de excelencia, capaz de responder a los desafíos de un mundo interconectado y en constante cambio.